El consejero se equivoca
Hay pocas cosas más ridículas que demostrar lo que la mayoría ya tiene por cierto. La mayoría de los profesionales de la educación (aquellos que se manchan las manos con tiza, no los que pontifican –¡o legislan!– desde sus despachos sobre realidades que apenas entrevén en la lejanía de sus sillones) saben que, a igualdad de condiciones, con menos alumnos por clase, mejora el aprendizaje. Pues bien, siguiendo una información periodística del lunes 6 de octubre en El Diario de León, nuestro compañero Miguel Ángel reprodujo en su blog de este portal las declaraciones del consejero de educación de Castilla y León, el Excmo. Sr. D. Juan José Mateos, en las que afirmaba:
que «no está demostrado pedagógicamente que la disminución de la ratio mejore los resultados», a lo que añadió, «el coste que se tiene a medida que se baja la ratio es muchísimo mayor que los resultados que se obtienen»
a lo que hay que sumar otra perla:
«Evidentemente es menos cómodo trabajar con 25 alumnos que con 12, pero nadie ha demostrado que la disminución del número mejore los resultados»
Parece que ha llegado, pues, el momento revisar la investigación educativa, que, contra lo que afirma nuestro consejero, corrobora lo que la experiencia práctica, con tozudo empeño, nos demuestra día tras día.
[El título que encabezan los siguientes párrafos es una perogrullada de tal calibre que quizá requiera pedir disculpas a aquellos profesores que estén convencidos de que el Excmo. Sr. no tiene razón, y avisarles de que pueden ahorrarse la lectura de lo que sigue, pues no se van a encontrar con nada que no sepan.]
La disminución de la ratio profesor/alumno mejora los resultados educativos
Según mis informaciones, el primer estudio serio que analizó la relación entre el número de alumnos por clase y el rendimiento es el realizado por los estadounidenses Gene V. Glass y Mary Lee Smith en 1978. Estos investigadores publicaron un artículo en el que revisaban los resultados de 77 estudios que analizaban la relación entre el número de alumnos por aula y profesor y el rendimiento. En lo que respecta al tema que nos ocupa, las conclusiones de Glass y Smith decían, textualmente, que:
- El tamaño reducido de las clases produce un incremento en el rendimiento académico (p. iv)
- Los mayores beneficios de las clases con pocos alumnos se obtienen cuando su tamaño es inferior a 20 alumnos (p. v)
Para ilustrar el resumen de sus conclusiones, Glass y Smith elaboraron el siguiente gráfico, que pasó a convertirse en un clásico de la investigación educativa (la curva de Glass y Smith), en el que se muestra la relación entre el tamaño de las clases (ratio alumno/profesor) y el rendimiento (en rangos de percentil)
Esta última afirmación alude a algo evidente: el tamaño del grupo no lo es todo, aunque sí es un elemento sustancial.
En 1986, otros autores, Levin y Meister, ofrecen una tabla en la que se relaciona la disminución del número de alumnos por profesor con el incremento del rendimiento de los propios alumnos:
|
Disminución del número de alumnos por profesor |
Incremento del rendimiento del alumnado (expresado en desviaciones estándar) |
|
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Matemáticas |
Lenguaje |
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|
35 a 30 |
0.6 |
0.3 |
|
30 a 25 |
0.7 |
0.4 |
|
25 a 20 |
0.9 |
0.5 |
|
15 a 20 |
2.2 |
1.1 |
El aumento del rendimiento es espectacular cuando se rebaja el umbral de los 20 alumnos por profesor, lo que confirma lo que ya se había descubierto por las investigaciones anteriores.
Entre 1984 y 1986 las autoridades educativas del estado norteamericano de Indiana pusieron en marcha un proyecto a gran escala (el proyecto PRIME TIME) para reducir el tamaño de las clases hasta conseguir un tamaño promedio de 18 alumnos por aula y profesor. Durante esta intervención educativa a gran escala (¡participaron 286 distritos educativos, de un total de 303 durante 3 años!) se tomaron algunas medidas, y una de las principales conclusiones de la experiencia decía que (entre corchetes observaciones añadidas por mi):
En las clases pequeñas [se consideraba "pequeña" una clase de 24 alumnos con un profesor y un ayudante] se encontraron cambios positivos en variables como tiempo dedicado a las tareas, atención individualizada, buen comportamiento durante las clases y satisfacción del profesorado [que supongo que su valor tendrá; por el contrario, aquí nos llaman "comodones"]
Sin embargo, estos resultados tenían algunas limitaciones, puesto que había variables que no se controlaron (debido a la magnitud del proyecto). Estas limitaciones fueron superadas en una iniciativa del estado de Tennessee, en 1984, en la que se limitó el número de alumnos por profesor a 15 en cada clase, al amparo de una ley (la Comprehensive Education Reform Act; [en este caso se interpretó el margen de la ratio en su extremo inferior, y no en el superior, como promueve el Excmo. Sr.] y en la que se midieron distintas variables controlando los efectos del sexo, raza, edad, medio socioeconómico, etc. Al finalizar el estudio, los investigadores encontraron los siguientes resultados respecto a los alumnos escolarizados en aulas con una ratio de 15 alumnos por profesor:
- El clima de trabajo es más positivo, con menos interrupciones e incidentes
- Se participa más en las actividades y las relaciones entre iguales son mejores que las de los grupos que reciben enseñanza con una ratio menos favorable
- Se resuelven mejor los problemas de disciplina
- Se realizan más tareas de aprendizaje
- Los profesores dedican más tiempo a la orientación de sus alumnos y promueven más tareas de profundización.
- La enseñanza es más individualizada, y son necesarias menos actividades de recuperación [supongo que esto haría innecesario un plan de mejora del éxito escolar y suprimiría la necesidad de refuerzos vespertinos de más que dudosa eficacia…]
- Los alumnos se apoyan unos a otros con mayor frecuencia que en clases más numerosas [supongo que esto tendrá que ver con el clima de convivencia, tan pregonado en los planes de la consejería]
El gobierno del estado de Tennessee no se conformó con esto, y sus legisladores encargaron en 1985 (el año siguiente), a un consorcio formado por el propio estado de Tennessee y un importante grupo de universidades un estudio longitudinal (entre 1985 y 1989, el llamado proyecto STAR: Student-Teacher Achievement Ratio) también a gran escala (79 escuelas de primaria, 7.500 alumnos y más de 300 clases), y más refinado aún desde el punto de vista metodológico (con toda la parafernalia que esto conlleva en cuanto a formación de grupos experimentales y de control, aleatorización en la asignación de sujetos a grupos, control de variables extrañas como la raza, nivel socioeconómico, uso de pruebas estandarizadas de rendimiento académico, motivación y autoconcepto para medir las variables dependientes, etc). Los resultados fueron apabullantes ya que apuntan, de nuevo, a una ratio 1:15 como el valor deseable para la eficiencia en el aprendizaje.
Este estudio supuso un esfuerzo impresionante, y ha sido calificado como uno de los mayores experimentos realizados en la historia de la educación de Estados Unidos; costó 12 millones de dólares de la segunda mitad de los 80 del siglo pasado.
Se han realizado también multitud de estudios teniendo en cuenta no sólo el efecto del tamaño del grupo sobre el rendimiento (variables de tipo cognitivo), sino también sobre otras variables de tipo afectivo. En otro estudio de 1980 en el que se compendiaban los resultados de 59 trabajos los mismos Smith y Glass concluyen que hay una clara relación entre los grupos reducidos y la mejora de las actitudes (clima de convivencia, percepción de bienestar, satisfacción de los profesores…), relación que es mayor entre los alumnos más jóvenes, y mayor en Matemáticas que en Lenguaje. La satisfacción de los profesores también era mayor en los grupos reducidos (¡bah! estos también eran unos "comodones"…)
A mi me parece impresionante que en todos los estudios mencionados (y en muchos otros que omito para no aburrir al personal con obviedades) se establezca el límite máximo de eficacia en el rendimiento y en las actitudes en el margen entre 15 y 20 alumnos por aula y profesor. Es evidente que unas ratios reducidas no van a solucionar, por sí mismas, todos los problemas educativos que nos encontramos en las aulas cotidianamente, pero esta pequeña, aunque significativa, muestra de estudios demuestra que las ratios reducidas son un elemento fundamental para la mejora de la educación, junto con otros ingredientes como la formación del profesorado (¿a dónde se ha ido nuestro querido CFIE de Astorga?), la cohesión social, la responsabilidad social de los medios de comunicación, la inversión (que no gasto) en educación, etc.
En fin, que no quiero aburrir más al personal. Los estudios que he mencionado son los más conocidos, y cualquier orientador está (o debería estar) familiarizado con ellos. Son estudios clásicos, frecuentemente citados en manuales de Psicología de la Educación o Pedagogía Diferencial. Pero, para mí, la evidencia más valiosa es la que los profesores proporcionan con sus manos manchadas de tiza y con su testimonio día tras día, curso tras curso.
Por eso sorprenden las afirmaciones del Excmo. Sr. Consejero, que se equivoca.
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Se puede decir más alto
Pues eso. Esta claro. Es ciencia consejero C I E N C I A.
Se puede decir mucho más alto pero no más claro: la ratio afecta al rendimiento escolar del alumno y está demostrado científicamente. Lo avalan estudios desde 1978 en adelante.
El aporte de Fran me ha sido muy útil; si yo lo he entendido bien, el consejero, que se supone debe ser al menos igual de listo, lo entenderá también... o al menos eso creo... pero en fin, como este señor vive en "los mundos de Yupi" a lo peor no quiero enterarse.
Saludos
Es tan obvio....
Es tan obvio, que no necesita demostraciones tan sesudas. Cualquier alumno o profesor con la experiencia de cada día, sabe que el número de alumnos en el aula influye en la calidad de la enseñanza. Deberemos hacernos los tontos y comulgar con ruedas de molino. Espero que nuestros alumnos y sus padres no se dejen engañar.